Un proyecto en escuelas prescribe tres porciones de queso, leche o yogur al día, una orientación que no es consensual en la comunidad científica

Un proyecto de Danone dio orientaciones nutricionales controversiales a al menos 300 mil alumnos de la red pública de enseñanza de Brasil. A pesar de la promesa de hablar sobre hábitos saludables, el “1, 2, 3 ¡Salud!” enfatizaba el consumo de lácteos, justamente el buque insignia de la corporación francesa.

El programa consistía en una obra de teatro y de materiales didácticos distribuidos junto a los profesores y alumnos. Y fue desarrollado en colaboración con secretarías de educación de estados y municipios entre 2013 y el primer semestre del pasado año, cuando, bajo presión, Danone decidió abortarlo.

– Lácteos vienen de una palabra muy antigua, lactis, que significa leche – decía la profesora durante la puesta en escena de “El Fabuloso Mundo de los Descubrimientos”.

– Entendí. Lácteos contienen leche – contestaba el alumno Joaozinho, personaje principal.

– ¡Eso mismo! Y, si quieres quedar ágil, fuerte, tener salud y mantener esa curiosidad e imaginación, necesitas tres porciones de lácteos al día.

El proyecto podría ser considerado controversial si nada más indujese al consumo de lácteos. Pero, “1, 2, 3 ¡Salud!” daba un paso más allá y prescribía de manera categórica la necesidad de consumir tres porciones de estos productos por día, so pena de sufrir problemas de salud en el corto, mediano y largo plazos.

No existe consenso científico que respalde ese tipo de afirmación, a pesar del esfuerzo constante de los fabricantes de lácteos en bancar investigaciones favorables a sus intereses. Si fuese de otra manera, no había dietas veganas. Y Asia, que concentra 60% de la población mundial y, por lo general, tiene una bajísima ingesta de lácteos, no lograría ser ágil, fuerte y creativa como Joaozinho.

La iniciativa llegó a ser investigada por el Ministerio Público Federal. Ahora, existe la posibilidad de que se cierre la investigación abierta en 2016.

“Era un proyecto sobre un objetivo escolar importante, que consistía en ayudar a los niños a hacer elecciones. Las elecciones aparecían en la forma de posibilidades de profesiones adultas”, contó Lilian Faversani, educadora que coordinó la elaboración del material pedagógico original. “En el segundo año de vida del proyecto, Danone hizo una alteración de las ilustraciones. Les pusieron ilustraciones de envases de Danone. Danone nos llamó y pidió que hiciésemos actividades que incluyesen en algún momento la distribución de yogures en la escuela. Fue entonces que salí del proyecto y pedí que mi nombre se retirase de los materiales, incluso. No estoy de acuerdo en absoluto.

Consultada sobre esas afirmaciones, Danone opto]ó por enviar una respuesta genérica. “Danone Brasil resalta que sus acciones de comunicación atienden a la legislación brasileña vigente y reflejan la misión de la compañía de llevar salud al mayor número de personas. Entre los años de 2015 y 2016, el programa ‘1, 2, 3 ¡Salud!’ llevó información y conocimiento sobre la importancia de una buena alimentación de forma lúdica y gratuita a las escuelas de todo el país. Danone reitera su compromiso en contribuir para que todos los brasileños adopten hábitos de vida y alimentarios más saludables.”

La confianza en la escuela

Conversamos con algunas personas que participaron de “1, 2, 3 ¡Salud!” y no tenemos ningún motivo para dudar de su buena fe. Pero, las propias entrevistas muestran como, al tratarse de un ambiente escolar, es complejo encontrar la línea que separa publicidad de acción educativa.

“Figura como proyecto educativo. Entonces, es mucho más difícil desarrollar una distancia crítica sobre esa acción”, lamenta Ekaterine Karageordiadis, coordinadora del proyecto Niño y Consumo, del Instituto Alana, especializado en combatir la publicidad direccionada al público infantil. “Los niños confían en los educadores. Están en un espacio de cuidado, de responsabilidad. Entonces, cuando los mensajes comerciales ocurren dentro del espacio escolar, son reforzados por esas personas que están allí para cuidar de los niños”

Como total, la corporación donó (y recibió de vuelta en forma de descuento de tributos debidos) R$1,2 millón.

Todo indica que el proyecto fue bueno para los negocios. Un video de 2015 relataba que 45% de los participantes decían haber aumentado el consumo de lácteos – 46% declaraban haber aumentado el consumo de vegetales. “Teníamos muchas ganas de trabajar con educación alimentaria desde la infancia porque se sabe que es allá que los hábitos se forman”, decía María Prado, gerente de Desarrollo de Categoría de Danone.

El proyecto abordaba del inicio al fin de los supuestos daños relacionados al bajo consumo de lácteos en cada etapa de la vida. El eje central del material didáctico consistía en la presentación de ocho profesiones.

El pediatra mostraba que el calcio de los lácteos es fundamental para el crecimiento saludable. El biólogo hablaba sobre las bacterias buenas y malas. El geriatra alertaba que el bajo consumo de calcio a lo largo de la vida está asociado a osteoporosis en la tercera edad. La profesora contaba sobre la etimología de palabras relacionadas a la leche y afines.

Es cuando llegamos al sociólogo que las cosas se ponían interesantes. Los niños deberían ejercer la función del sociólogo, lo que incluía entrevistar a los padres sobre el consumo de… lácteos. Sin ser informados o remunerados, esos niños hicieron una encuesta de mercado para Danone.

“1, 2, 3 ¡Salud!” tenía también carteles. Uno de ellos hablaba sobre los cuidados generales con el cuerpo, lo que incluye los huesos: “Productos lácteos, como queso, leche y yogur, contienen nutrientes que ayudan al cuerpo a dejar los huesos más fuertes y saludables”.

En el cartel vemos que la situación comienza a quedar más complicada del punto de vista científico. Primero, hay una reinterpretación del Guía Alimentar para la Población Brasileña, que recomienda hacer de la alimentación in natura la base de la dieta y evitar el consumo de ultra procesados.

El cartel habla en “usar” alimentos in natura, y no priorizar, y evitar los “muy procesados”, lo que es algo bien diferente al concepto de ultra procesados.

Lo más curioso es que el cartel propone un reparto por grupo de alimentos, lo que va contra la filosofía del Guia. El material del Ministerio de Salud ofrece una línea de razonamiento sobre cómo alimentarse y evita el enfoque por nutrientes y grupos de alimentos. Al final, si sigues la recomendación de hacer de los alimentos in natura la base de tu dieta, no hace falta ser un experto en nutrición.

El reparto por grupos, por otra parte, es difícil de llevar a cabo en el día a día. Qué es una porción de carne? ¿Una porción de fruta es un trozo de sandía, una manzana o un mango? Y al pan francés, ¿debo comerlo entero o solo la mitad?

Cojamos la recomendación de “1, 2, 3 ¡Salud!” de ingerir seis porciones diarias de “patata, arroz, masas, pan e yuca”. Hay productos de calidad totalmente distinta en medio. Puedo entender que estoy autorizado a comer seis porciones de fideo instantáneo y pan de molde industrializado. O debo quedarme apenas con la yuca.

El material habla también en tres porciones de queso, leche o yogur. Y deja todo aún más controversial con un tablero que debe rellenarse a diario por los estudiantes, siguiendo fielmente las recomendaciones de porciones. “SI SOBRAN ESPACIOS VACÍOS EN EL TABLERO AL FIN DEL DÍA? Significa que falta consumir algún grupo de alimento o nutriente. ¡Pero se preocupe si ocurre eso! Basta poner atención para que no ocurra en los demás días de la semana”.

Si se lleva al pie de la letra, esa orientación induce niños que consumen más de tres porciones diarias de frutas y legumbres a reducir su consumo. En la vía contraria, incentiva el consumo de productos que no son imprescindibles y que pueden hacer mal.

“Los lácteos pueden aportar nutrientes que son importantes, pero nada que nos obligue a consumir determinadas porciones por día para que se ofrezca lo que necesitamos de una nutrición adecuada”, dice Fabio Gomes, asesor regional de Nutrición y Actividad Física de la Organización Panamericana de Salud (Opas). Él considera que los esfuerzos publicitarios de ese segmento económico transformaron a la leche en un superalimento y transmitieron la idea de que es la única fuente de calcio posible.

“¿Lácteos son leche? ¿O un producto que contiene leche, azúcar, espesantes, colorantes y otras cosas que van en la composición?”, pregunta. “Pensando que la industria tomó el rumbo de usar cada vez menos alimentos y cada vez más cosméticos para reducir su coste de producción, se refuerza la necesidad de pensar lácteos como un alimento de la manera como fue desconfigurado, como una fuente que desvirtúa la alimentación y la recomendación de una alimentación saludable”.

Danonino, buque insignia de Danone, es alto en azúcar y en grasas saturadas. La inversión en publicidad fue tan exitosa que hasta hoy es considerado un ítem fundamental para un crecimiento saludable. En un estudio hecho en 2015, madres argentinas citaron a Danonino como obligatorio en la dieta de sus hijos y declararon la idea de que están haciendo un buen acto al comprarlo.

Danet es también muy consumido entre los pequeños, tiene exceso de azúcar y de grasas saturadas.

Límites

El proyecto de Danone es emblemático sobre los límites de la presencia de empresas en el ambiente escolar. La corporación alega que se trata de una iniciativa “unbranded”, o sea, que no hay cualquier exposición de la marca.

“Lo que más llama la atención es el resultado”, dice Ekaterine Karageorgiadis, del Instituto Alana. “He analizado más de tres mil fotografías, dibujos, redacciones. Es claro que existe un mensaje de marca. Si no fuera así, los niños no escribirían una redacción sobre el papel de Danone. Los niños no dibujarían un pote rojo y escribiría que para ser saludable es necesario consumir lácteos tres veces al día. No sacaría una foto que dice ‘Danone, Danone, Danone’. No habría una premiación con productos de la empresa sobre una mesa”.

Charlamos con gestores públicos municipales involucrados en “1, 2, 3 ¡Salud!”. La historia es conocida. Primero, las redes de educación carecen de recursos. Segundo, de proyectos. Un material didáctico atractivo, unido a una obra de teatro bien producida, hablando sobre hábitos saludables, es una oportunidad de romper con la rutina escolar y de hablar sobre asuntos que muchas veces están más allá de los conocimientos de los profesores.

Se suma a este escenario el ofrecimiento de un premio a las escuelas y a los niños que desarrollaran los mejores trabajos. No sobre la vida saludable, pero a respecto de la importancia de los lácteos. Hay una serie de videos en YouTube en los cuales se pueden verificar los resultados obtenidos con ese proyecto por la empresa.

Danone tiene un compromiso voluntario sobre publicidad orientada a niños. La empresa dice que no practica la distribución de productos en escuelas, “a menos que se lo solicite la institución de enseñanza o para fines educativos o deportivos”. Hace parte de la propuesta no motivar “hábitos poco saludables” y no minar la autoridad de los padres. La corporación se autoriza aún a hacer publicidad de productos para niños de tres a doce años, desde que sean considerados por ella como saludables – es el caso de Danonino, con 6,1 gramos de azúcar por pote.