Estudio pone en jaque la política de transparencia de Coca-Cola

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Cruzando datos, revela que la empresa ocultó la mayor parte de las pesquisas científicas financiadas y fortalece la percepción de que la actividad física es tema preferencial para desviar la atención publica

Un estudio que acaba de ser publicado pone en jaque la política de transparencia de Coca-Cola sobre el financiamiento de estudios científicos. El articulo divulgado esta semana en Public Health Nutrition revela que Coca-Cola excluyó de las listas publicadas por ellos, desde Setiembre de 2015, a la mayoria de los investigadores financiados.

Paulo Serôdio, del Departamento de Sociología de la Universidad de Oxford, Martin McKee, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, y David Stuckler, de la Universidad de Bocconi, en Italia, encontraron 471 autores y 128 estudios que no han sido divulgados por la corporación de refrescos. El cruzamiento fue hecho desde bases de datos científicas.

Coca-Cola está en el centro de las atenciones desde 2015, cuando la prensa de Estados Unidos reveló una serie de cuestiones obscuras sobre la Red Global de Balance Energético, una iniciativa “científica” de Coca-Cola para poner énfasis en actividad física. El caso ayudó a esclarecer como la empresa se vale del sedentarismo para desviar el foco sobre el rol de sus productos en la epidemia global de obesidad.

Confrontada, Coca-Cola decidió divulgar una lista con 115 profesionales de salud y 43 proyectos financiados. Embotelladoras de la empresa en Reino Unido, Francia, Alemania, Nueva Zelanda y España siguieron esa actitud.

En el Brasil, sin embargo, la empresa se rehusa a divulgar información. Revelamos como Coca-Cola realiza encuentros con comunicadoras en los cuales expertos en actividad física niegan la responsabilidad del azúcar como causa de la obesidad.

Lo que el nuevo estudio revela es que hay una diferencia grande entre lo que Coca divulga y lo que de hecho sucede. “Demostramos que aunque  Coca-Cola dio un importante paso adelante en transparencia, aun sabemos muy poco sobre la real escala de sus esfuerzos de financiamiento”, concluyen los autores.

El universo de “investigadores” financiados por Coca-Cola, sin embargo, puede ser mucho más grande. Para poder hacer una comparación fiel a las listas divulgadas por la corporación, el estudio tomó en cuenta solamente trabajos financiados entre 2010 y 2015 en los países que adoptaron la política de transparencia. Cuando se suman todos los “investigadores” encontrados, 907 de acuerdo al trabajo citado, se concluye que la Coca-Cola divulgó una parte muy pequeña.

Los autores postulan si es no es tiempo para que esa industria sufra las mismas restricciones impuestas a los fabricantes de cigarrillos. “Nuestros hallazgos sugieren ausencia de transparencia en una industria que alegó ser totalmente transparente y contribuyen a establecer un clima de desconfianza. Eso puede asegurar el comienzo de una conversación sobre restricciones similares como resultado de las investigaciones financiadas por las industrias del azúcar y asociadas.”

A comienzos de marzo, el mismo grupo de investigadores se ocupó de los mensajes internos de la corporación en los que se discutía sobre la Red Global de Balance Energético. Los correos revelan que la empresa veía la iniciativa como un “arma” para “cambiar la conversación” sobre obesidad en la “guerra” contra la salud pública. La expectativa era promover iniciativas que fueran a un solo tiempo buenas para las políticas públicas y para las ganancias.

En febrero, investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicaron una revisión de las evidencias científicas sobre los efectos negativos del consumo de bebidas azucaradas. Al evaluar la literatura producida entre 2007 e 2017, encontraron “evidencias fuertes” de asociación con sobrepeso y caries. Hay todavía evidencia “creciente” de relación con resistencia a la insulina y los efectos negativos de la cafeína, especialmente en el caso de las bebidas energéticas.

En América Latina, el Estudio Internacional de Obesidad, Estilo de Vida y Ambiente en la Niñez, conocido como ISCOLE, fue financiado por Coca-Cola como parte de la Red Global. Entre 2010 y 2014, el programa recibió nada menos que 6,4 millones de dólares.

Después de los escándalos, la empresa decidió financiar el Estudio Latinoamericano de Nutrición y Salud (ELANS), conducido por “investigadores” del International Life Sciences Institute (ILSI), creado hace 40 años por Coca-Cola y hoy financiado por las grandes fabricantes de comida chatarra. La corporación no quiso revelar informaciones sobre el ELANS, que también pone énfasis en el sedentarismo como culpable por la obesidad.

Al analizar la temática de las investigaciones financiadas por Coca-Cola, queda clara la preferencia por la actividad física como factor principal de obesidad. El American College of Sports Medicine, principal organización global de estudios sobre actividad física, fue el socio preferencial de Coca-Cola para publicaciones de este tipo. Y Steven Blair, ex-presidente de la institución, recibió 5,4 millones de dólares para proyectos.

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